El paisaje también es patrimonio

7 Sep

ANTONIO ZÁRATE MARTÍN. PROFESOR DE GEOGRAFÍA DE LA UNED |
Día 26/08/2013

Después de más de 200 años desde que los poderes públicos asumieran la conservación del patrimonio como tarea propia y responsabilidad en beneficio del conjunto de la sociedad, nadie cuestiona la necesidad de conservar monumentos y restos arqueológicos. En 1803, se promulgó ya una Real Cédula que establecía el modo de recoger y conservar los monumentos antiguos o que fueran descubiertos en el Reino. La ley del Tesoro Artístico, de 13 de mayo de 1933, y después, la Ley del Patrimonio Histórico Artístico Español de 1985 han garantizado la protección de monumentos y bienes culturales. Y la Constitución española establece en su artículo 46 que «los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el enriquecimiento del patrimonio histórico, artístico y cultural de los pueblos de España».

Fruto de esa preocupación por el pasado es, entre otras cosas, la obligación de realizar catas que impidan la destrucción de restos arqueológicos al iniciar cualquier obra en espacios históricos y la necesidad de protegerlos si aparecieran de manera insospechada. La realización de catas arqueológicas en la UA-34, «Ampliación de Santa Teresa II» (ABC, 22/ 08/2013), es un ejemplo de respeto a la normativa para la conservación de vestigios de edificaciones u objetos materiales de todo tipo. Sin embargo, ni los responsables políticos ni la opinión pública demuestran la misma sensibilidad a la hora de conservar y proteger el paisaje, sobre todo cuando adquiere la dimensión de cultural como sucede en nuestra ciudad y es portador de valores universales que trascienden lo local. Sorprende observar como se ignora o minimiza que el paisaje también es patrimonio, que forma parte de los bienes que los gestores públicos tienen obligación de conservar y no destruir.

En el preámbulo, del «Convenio Europeo del Paisaje» (Florencia, 2000), se dice: «el paisaje es un componente fundamental del patrimonio natural y cultural europeo». Y la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural (París, 21 de noviembre de 1972) señala en su artículo 5º «el compromiso de los gestores públicos a integrar el paisaje en las políticas de ordenación territorial y urbanística y en sus políticas en materia cultural, medioambiental, agrícola, social y económica, así como en cualesquiera otras políticas que puedan tener un impacto directo o indirecto sobre el paisaje».

A su vez, el artículo 1 de la «Convención del Patrimonio Mundial Natural y Cultural», de 21 de noviembre de 1972, define como patrimonio cultural «los conjuntos: grupos de construcciones, aisladas o reunidas, cuya arquitectura, unidad e integración en el paisaje les dé un valor universal excepcional desde el punto de vista de la historia, del arte o de la ciencia», e incluye el paisaje dentro de los bienes patrimoniales, identificando «patrimonio» con el legado de un pasado que hay que conservar. La Unesco utiliza desde entonces elementos del paisaje para justificar la selección de lugares merecedores de ser incluidos en su relación de «bienes patrimonio de la humanidad». En 1992, se incorporó específicamente a la «Convención del Patrimonio Mundial Natural y Cultural» la categoría de paisajes culturales.

La ampliación del barrio de Santa Teresa (87 viviendas) y el Plan Parcial de la Peraleda (2.662 viviendas) representan dos casos dentro del POM de 2007, pero no los únicos, de despreocupación por los valores paisajísticos de la ciudad. Pocas voces se han levantado en defensa del paisaje como patrimonio, y de llevarse a cabo esas actuaciones, como otras previstas en la Vegas, se producirá la eliminación de ambientes y panoramas pintados por El Greco, Beruete, Sorolla, Zuloaga, Diego Rivera, etc., lo que habría sido imposible en Francia, donde, a modo de ejemplo, la opinión pública forzó la modificación del trazado del TGV para salvar el paisaje de la montaña de Sainte Victoire, tantas veces representada por Cézanne (1839-1906).

El desinterés por el paisaje sorprende aún más en una ciudad que mantuvo durante décadas las «zonas de protección» elaboradas por la «Dirección General de Bellas Artes» (1965), una de las razones por las que Toledo es la ciudad española que mejor ha conservado sus paisajes históricos, algunos casi como pudieron ser contemplados en el siglo XVI. Por eso se hace difícil entender la eliminación de esas «zonas de protección de paisaje» en 2007, después del «Convenio Europeo del Paisaje» (2000) y de una creciente conciencia internacional por la salvaguarda del paisaje como patrimonio.

En vísperas del Cuarto Centenario de la muerte del Greco, no pueden quedar en el olvido los valores paisajísticos de la ciudad y lo que es peor, permanecer bajo riesgo de destrucción. ¡Qué mayor homenaje al Greco y mejor celebración que la conservación de los paisajes que pintó él y tantos otros pintores! Además, su puesta en valor permitiría su utilización como producto turístico en sí mismo, como fuente de empleo y riqueza alternativa al ladrillo. Por último, la urbanización de las vegas del río supondrá daños irreparables para el patrimonio, eliminará oportunidades de aprovechamiento turístico y no resolverá la unión de barrios dispersos, como se argumenta desde las mismas instancias oficiales que hicieron posible su construcción. Los nuevos asentamientos residenciales añadirán caos urbanístico, puesto que tardarán años en terminarse en un marco de escaso crecimiento demográfico y de crisis económica. Tampoco se beneficiará a un casco histórico que después de décadas de políticas de rehabilitación sigue sumido en la atonía demográfica y funcional.

No estaría de más que los responsables de la política urbanística de la ciudad tuvieran en cuenta consideraciones respecto al paisaje de las «Estrategias de Toledo 2020» y lo que se hace en otros lugares desde criterios de sostenibilidad de la Cumbre de Río recogidos en las agendas locales 21 y en la Carta de Aalborg. Todo ello se sintetiza en un hecho y en una afirmación «el paisaje también es patrimonio», por lo que no debería aprobarse ningún plan de actuación urbanística sin un estudio previo de paisaje, además de las prescriptivas catas arqueológicas.

Fuente: ABC

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