Armas de la edad de piedra

23 Nov

Puntas de lanza experimentales sujetas al palo con resina de acacia y tendones. / JAYNE WILKINS

Una piedra tallada en punta para que penetre bien en la pieza a cazar y atada en el extremo de un palo es un arma más eficaz que una simple vara de madera afilada. Construir una lanza así, con mayor poder de impacto y control, es un salto tecnológico muy notable. ¿Quién lo dio? ¿Cuándo? Unas puntas de piedra que se encontraron hace unos años en Sudáfrica, datadas en medio millón de años y analizadas ahora con un nuevo enfoque son, hasta el momento, el vestigio más antiguo que se conoce de esta técnica de armas de la edad de piedra. Sitúan esta tecnología 200.000 años antes de lo que los vestigios indicaban hasta ahora. Y una vez más, las cronologías de las huellas del pasado ponen patas arriba las ideas acerca de las capacidades de las especies humanas remotas: con 500.000 años, la lanza de punta de piedra sujeta a un palo sería una tecnología no del hombre contemporáneo ni de los neandertales, como se pensaba hasta ahora, sino del antepasado común de ambos, el Homo heidelbergensis.

“Esto cambia la manera en que pensamos acerca de las adaptaciones y capacidades de los humanos primitivos antes del origen de nuestra propia especie”, dice Jayne Wilkins, líder del equipo que ha hecho el descubrimiento. Fabricar armas de caza atando una punta a una lanza de madera requiere esfuerzo y planificación, pero aumenta su potencial de matar.

Estos científicos que han identificado las marcas en la base de las puntas de piedra de hace medio millón de años han realizado toda una labor detectivesca para demostrar su utilización como lanzas y publicar el hallazgo en la revista Science.

El hallazgo cambia la idea sobre las adaptaciones del hombre primitivo

Las piezas fueron halladas por Peter Beaumont, en 1979, en el yacimiento de Kathu Pan 1, en Sudáfrica y 20 años después, en 2010, fueron datadas por Michael Chazan y su equipo en 500.000 años. El siguiente paso lo dan Jayne Wilkins y sus colegas de las universidades deToronto (Canadá), Arizona (EE UU) y Ciudad del Cabo (Sudáfrica), incluido el propio Chazan, al identificar marcas y desperfectos en la base de esas piezas de industria lítica que encajan con la técnica de sujetarlas al extremo de un palo, convirtiéndolas en eficaces lanzas.

Para demostrar esta hipótesis, los investigadores incluso fabricaron 32 réplicas de las puntas —talladas en la misma piedra—, las ataron en el extremo de palos de madera e imitaron el uso que pudieron hacer de ellas los hombres prehistóricos lanzándolas contra carcasas de pequeños antílopes. “Cuando las puntas se utilizan como extremos de lanza, se producen muchos desperfectos en ellas y fracturas específicas”, dice Kyle Brown, uno de los científicos del equipo. “Los daños en esas antiguas puntas de lanzas son muy similares a los producidos en las réplicas de nuestro experimento y, además, demostramos que no se hacen fácilmente en otras condiciones”, añade.

Los homínidos cazaban grandes animales hace ya, al menos, 780.000 años, recuerdan Wilkins y sus colegas, a la vista de los vestigios en restos de carcasas de venado encontradas en Israel. De hace 500.000 años es un hueso de caballo con una perforación que debió hacer una lanza y que se encontró en Boxgrove (Reino Unido). En cuanto a armas, fue descollante el hallazgo de unas jabalinas de madera —palos de abeto con las dos puntas afiladas, de hasta 2,30 de longitud— y perfectamente preservadas en agua que descubrió, en los años noventa, el arqueólogo Harmut Thieme en una mina de carbón en Alemania. Los humanos las utilizarían seguramente para cazar caballos, dado que se encontraron junto con muchos huesos de ese animal.

Los científicos han reproducido la caza de antílopes con réplicas de las tallas

Las lanzas compuestas, es decir, con una punta atada a un palo, parece que eran algo corriente en Europa y en África hace unos 200.000 años, e incluso se conocen indicios de 300.000 años en el continente africano. Podrían haberlas inventado los neandertales y los humanos modernos (ambos las utilizaban) o unos lo habrían copiado de los otros. Pero si se sabía construir estas armas mucho antes, hace medio millón de años, la especie innovadora sería muy anterior: el ancestro común a partir del cual evolucionarían los neandertales y la humanidad moderna. “Esta es la primera prueba de que esta tecnología se originó antes o muy cerca de la divergencia de esas dos especies”, dice otro miembro del equipo, Benjamin Schoville, de la Universidad de Arizona.

“Al parecer, se puede seguir el rastro de algunos de los rasgos que asociamos con los humanos modernos y con nuestros parientes más cercanos mucho más atrás en nuestro linaje”, comenta Wilkins. “Esto cambia la manera en que vemos las adaptaciones y capacidades de los humanos primitivos antes del origen de nuestra propia especie”, concluye.

Vía: El País

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