Retrato de una Dama. ‘Diario de Cádiz’ se reúne con el grupo de arqueólogos que treinta años atrás descubrió el sarcófago femenino, bajo la dirección de Ramón Corzo

26 Sep

VIRGINIA LEÓN / CÁDIZ | ACTUALIZADO 26.09.2010 – 05:00

De izquierda a derecha, Armando Ruiz, Francisco José Blanco, Carmen García Rivera, Lola López de la Orden, Ramón Corzo, Juan Alonso de la Sierra y Ángel Muñoz.

Imagen del sarcófago recién excavado.

Imagen del grupo de jóvenes arqueólogos que excavaron el sarcófago.

“Ésta sí que era una tía guapa”. Éstas fueron las palabras que treinta años atrás recibían a Ramón Corzo en aquel famoso solar de Ruiz de Alda, nada más poner un pie en el terreno. Eran las primeras impresiones del maquinista que se topó con los sillares que cubrían el sarcófago antropoide femenino. El primer retrato de un hallazgo sin precedentes en el siglo XX, que dejó atónito al entonces director del Museo de Cádiz y coordinador de la excavación. Desde aquel momento ya supo que algo grande estaba a punto de ocurrir.

Así lo rememoraba Corzo el pasado miércoles en una reunión mantenida con este periódico junto al equipo de arqueólogos que entonces lideraba. La cafetería de San Francisco, 1, antiguo Bar Orión, se convirtó en el punto de encuentro de imborrables recuerdos y anécdotas. Las que compartieron esta saga de expertos, entonces jóvenes arqueólogos en prácticas, cuyas trayectorias profesionales fueron bautizadas ante la mirada serena y el plante imponente de la Dama de Cádiz.

Junto a él, vaciaron el sarcófago de arenas y recuerdos Carmen García Rivera -actual directora del Centro de Arqueología Subacuática (CAS)-, Ángel Muñoz -director del Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia-; Francisco José Blanco, -arqueólogo de Procasa- y Lola López de la Orden -conservadora del Museo de Cádiz-, como integrantes del grupo de investigación y Armando Ruiz, entonces primer teniente de alcalde. Sus historias se fundieron entre las risas y confesiones de una pasión compartida. Y no faltó el guiño cómplice a aquellos compañeros que no pudieron disfrutar del especial reencuentro. Entre ellos, Antonio Sáez, Antonio Álvarez o Luis Parodi.

Fueron los primeros testigos de un singular hallazgo que, instantáneamente, envolvió a toda la ciudad. Porque Cádiz quiso dar la bienvenida a su Dama. “Se descubrió ‘algo’ un viernes 26 y el lunes 29, a primera hora, ya supimos de qué se trataba. Tan sólo una hora más tarde el solar estaba lleno de prensa y de gente. La voz se corrió, todo Cádiz lo sabía, toda la ciudad se implicó”, recuerda con orgullo el director de la excavación.

Fue tan sonada la noticia, que el traslado del sarcófago al Museo de Cádiz fue celebrado en todo su recorrido. “Cuando fue depositado en la cuba del camión, nos colocamos a su alrededor. Y la gente no paraba de saludar. Parecíamos los jugadores del mundial” decían, entre carcajadas, Ángel Muñoz y Lola López de la Orden.

A este fugaz momento le siguió un mes de trabajo en las dependencias de la pinacoteca provincial. “Empezamos a vaciar el sarcófago de arena con cucharillas de café”, apuntaba anecdóticamente Carmen García Rivera, May para los amigos, quien hizo especial hincapié en el “impresionante” momento en que el bello rostro del sarcófago afloró entre las arenas rubias del solar. “Aquello fue increíble”.

Y como aquello, todo. Las jornadas interminables que echaron juntos. Y lo bien que lo pasaban, claro. “Lo vivimos con mucha intensidad y eso que no nos daban nada a cambio”, bromeaba Lola López dirigiendo la mirada a Corzo. “Os dábamos un bocata y una cocacola de vez en cuando”, respondió con ironía el director de la excavación.

Pero no les importaba. Más bien les seducía. Porque de un modo u otro estaban firmando una nueva página de la historia de la ciudad. Y es que el descubrimiento aquel 26 de septiembre de 1980 del sarcófago antropoide femenino, el mismo que hoy posa en el Museo de Cádiz junto al que en 1887 fue hallado en Punta de Vaca, el masculino, marcó un antes y un después en la historia de la arqueología.

En esto también están todos de acuerdo. No sólo por la trascendencia del hallazgo en sí, sino por los avances logrados en la metodología de trabajo. “Aunque no se vinculara en su momento, éste fue un hecho fundamental de cara a la nueva normativa de excavaciones arqueológicas que se puso en pie dos años después”, comentaba Corzo. De hecho, en 1985 se aprobó la Ley de Patrimonio que hoy conocemos.

El sarcófago fenicio fue la prueba evidente de la necesidad de excavar un solar antes de construir. “La gente se concienció de que no era un capricho excavar porque, de lo contrario, mira lo que nos hubiéramos perdido”, apostillaba Lola. Nada menos que la pieza número uno del Museo.

Y es que en aquellos tiempos el único razonamiento existente era que para excavar había que ser arqueólogo. Lo demás estaba en manos de las autoridades. Afortunadamente por entonces, y pese a la inexistencia de ordenanzas municipales que regularan la situación, no pusieron ninguna traba. “Tengo que reconocer que el entonces alcalde de Cádiz, Carlos Díaz, se portó muy bien, ya que comprendió perfectamente la necesidad de hacer este tipo de trabajos preventivos”, aseguraba Ramón Corzo.

En su nombre, Armando Ruiz, teniente de alcalde, fue el encargado de personarse en el lugar del descubrimento del siglo. Reconoce que tenía una especial sensibilidad por estos temas, por lo que el hallazgo cayó en sus manos como una bendición. “Pensé que si era tan importante como parecía marcaría un hito”, explicaba. “Así que fue un hecho fundamental tanto social como turísticamente, dado que movía la sensibilidad en la ciudadanía y porque en Cádiz era necesario mostrar los 3.000 años de historia de los que hablaban los escritores desde la antigüedad”. A partir de aquí, todo fue más fácil en este terreno.

Pero la llegada de la Dama de Cádiz no sólo supuso un punto de inflexión para la arqueología, sino también en sus propias experiencias personales y, cómo no, carreras profesionales.

Así lo reconocía Francisco José Blanco, quien agradece a Corzo la oportunidad que le brindó de participar en la investigación, pese a ser todavía estudiante. Pero también apunta que el hallazgo llegó en un momento importante para la arqueología local. “Éramos una generacion de jóvenes arqueólogos integrantes de un grupo de trabajo que dependía del Museo. Y lo cierto es que controlábamos todo lo que se hacía en Cádiz”.

Ángel Muñoz, por su parte, habló de la “emoción” del momento. “Era lo máximo a lo que podías aspirar. El hallazgo más espectacular de la arqueología fenicia realizado en España e incluso a nivel europeo”. Personalmente, reconoce, le abrió qué linea de investigación quería seguir.

La directora del CAS se decanta más por la repercusión personal, que por la profesional. “He participado en otras excavaciones de mayor repercusión. Pero fue un momento en que nos encontrábamos exultantes y muy orgullosos”.

La misma añoranza mostraba Lola López de la Orden, quien señalaba el hallazgo como el más significativo de su carrera profesional. No es para menos. Porque juntos descubrieron y rescataron del olvido el retrato de aquella mujer. Aquella guapa mujer.

Fuente: diariodecadiz.es

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