En el homenaje a Francisco Giles con la presentación del libro ‘Cuaternario y arqueología

22 Sep

Hace ahora 20 años llegué por primera vez a esta maravillosa tierra gaditana, para incorporarme como profesor a la Universidad de Cádiz. Venía de Madrid y caí como con paracaídas. No conocía a nadie y no sabía de nadie que trabajara en geomorfología en la universidad ni en ninguna otra institución de la provincia. El departamento que me recibió estaba entonces formado por cristalógrafos y físicos moleculares, ninguno de los cuales sentía el más mínimo interés por la geomorfología o por el Cuaternario. En esa situación me vi obligado a empezar de cero, en la más absoluta soledad. Sin embargo, muy pronto la cosa cambió.

Alguien de Madrid me comentó que había una persona en El Puerto de Santa María que trabajaba en Cuaternario y que podría ser interesante contactar con él. Su nombre, ya lo imagináis, es Paco Giles. Sin conocerlo en persona, conseguí su teléfono, lo llamé y quedé con él un día de octubre de 1990 a tomar un café en el Bar Aurora, en la Plaza de España de El Puerto. Me acuerdo como si fuera ayer. Cuando entré en el bar lo reconocí enseguida. Era el único que desentonaba entre la fauna que se reunía apoyada en la barra. Nos presentamos y por su acento y forma de hablar deduje que era un gaditano típico. Primer error. Paco es de Toledo. Hablamos de nuestras experiencias e inquietudes, y él me ofreció acompañarles a él y a su equipo, formado entonces por Espe, Santi y José María entre otros, en las prospecciones y excavaciones arqueológicas que estaban realizando.

Cuando los acompañé por primera vez al campo me sorprendieron sus atuendos, su digamos… excesiva alegría, y su afición a la cerveza. Y reconozco que desconfié. Segundo error. Muy pronto descubrí que tras ese comportamiento relajado se escondía un equipo de trabajo muy riguroso y hasta espartano (“el sector duro”, lo llamaba Paco), y con una profesionalidad y dedicación admirables.

Comencé así una colaboración que, durante unos 10 años y de manera intermitente, nos llevó por el Guadalete, por la laguna de Medina, por Los Barrios, por Montejaque, el Aculadero, e incluso por el valle del Miño, en tierras gallegas.  Aparte de compartir con él inolvidables días… y noches en la Pileta, en Ardales, en Ronda o en Gibraltar. Gracias a Paco me familiaricé con la forma de trabajar de la arqueología prehistórica, a través de uno de los equipos más dinámicos que hay en España. Y así también empecé a conocer poco a poco, con su ayuda, la geología, la geomorfología y el Cuaternario de la provincia de Cádiz, uno de los lugares más fascinantes de nuestro país.

Para un geólogo trabajar con Paco es muy cómodo. Su amplísima experiencia le hace huir de apriorismos, sean rancios o presuntamente modernos, y siempre abre su mente a nuevas ideas, a nuevas interpretaciones y puntos de vista. Le encanta combinar los hallazgos de la arqueología con las observaciones geológicas, porque esa combinación da siempre grandes frutos. Los verdaderos geoarqueólogos escasean, pero Paco es uno de ellos, y uno de los mejores. Su gran prestigio nacional e internacional lo ha conseguido combinando rigor, constancia en el trabajo y colaboración con distintos especialistas. Esta combinación ha dado resultados extraordinarios. Algunas de las mejores publicaciones internacionales realizadas por arqueólogos españoles llevan su firma.

Pero además, Paco es muy querido en la profesión por su calidad humana. Estaréis de acuerdo conmigo en que el principal foro de investigación cuaternarista de la provincia de Cádiz se localiza en la casa de Paco Giles. Por allí han pasado los mejores de nuestro país, y algunos de los mejores de Europa, como por ejemplo Karl Butzer, a quien sorprendí con Paco un día hace muchos años, en la terraza de un bar que hay cerca de su casa, en El Puerto, manteniendo una acalorada discusión arqueológica. No recuerdo lo que estaban bebiendo.

Paco es toda una institución, pero también un amigo fiel y muy sensato. El más fiel y más sensato que he conocido en la profesión desde que vine aquí. Le ha tocado pasar por momentos difíciles. Ha sufrido algunas traiciones y ninguneos intolerables, que él ha sabido sortear con elegancia y resignación, aplicando siempre una filosofía constructiva. El tiempo pone a cada uno en su sitio, y el tiempo ha demostrado que Paco es el mejor. Siempre lo ha sido.

Querido Paco, me honra ser amigo tuyo. Quizá no íntimo, pero siempre fiel. La confianza que tengo contigo no la tengo con muchos otros compañeros. Para mí eso es más importante que las apasionantes colaboraciones científicas que hemos llevado a cabo, o las que hemos comentado a menudo y que espero que hagamos en un futuro. Como por ejemplo profundizar en el tema del paso del río Guadalquivir por la Bahía de Cádiz durante el Pleistoceno, cuya primicia se publica en el libro que te homenajea. Por cierto, no te dije dónde iba a enviar el trabajo para publicar, y ya ves dónde ha acabado apareciendo. Espero que no te moleste ser coautor de un trabajo en el libro de tu propio homenaje. Suena extraño, pero tu aportación fue valiosísima. Al fin y al cabo, no es sino una prueba más de tu incansable inquietud por descubrir más cosas, resolver más enigmas, hacer avanzar el conocimiento.

Enhorabuena por tu jubilación, que te quita de encima los aspectos más aburridos y a menudo estériles de la gestión histórico-arqueológica, y que por otro lado te deja manos libres para seguir apasionándote y apasionándonos en el estudio de la arqueología, del Cuaternario y de la evolución humana.

Un fuerte abrazo,

Javier Gracia.

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